Asuntos y Alcance
Libros y Publicaciones: su pasado, presente y futuro
Tanto para las civilizaciones orientales como para las occidentales, el libro es un viejo medio de la representación. En China, el papel fue inventado en el año 105, la impresión en bloques de madera a finales del siglo VI, la encuadernación de libros alrededor del año 1000, y los tipos móviles por Bi Sheng en 1041. En Europa occidental, el códice o manuscrito encuadernado surgió en el siglo IV, y la imprenta fue inventada por Johannes Gutenberg en 1450. Cincuenta años después de la creación de Gutenberg, las imprentas se encontraban en las principales ciudades y pueblos de Europa, y ocho millones de volúmenes que abarca 23.000 títulos habían sido impresos.
La consecuencia fue una nueva forma de representar el mundo. Páginas de contenido e índices surgieron para ordenar analíticamente los contenidos textuales y visuales. También surgió la tradición de añadir la bibliografía y las citas, de modo que se ditinguía entre la voz y las ideas del autor y la voz y las ideas de otros autores. Se inventaron los derechos de autor y de propiedad intelectual. Y las ampliamentes usadas lenguas escritas que conocemos hoy comenzaron a dominar y a estabilizarse, junto con su ortografía estandarizada y los diccionarios ordenados alfabéticamente, desplazando a un gran número de dialectos locales y de lenguas habladas de carácter más modesto.
El impacto fue enorme: educación más moderna y alfabetización masiva; el racionalismo del conocimiento científico; la idea de que puede haber conocimiento de los hechos sociales (sociología) e históricos (historiografía); el estado-nación con intercambio de individuos; la personalidad del autor creativo individual. Todas estas consecuencias han surgido en parte gracias al fomento y al incremento de la cultura del libro, dando a la consciencia humana colectiva su forma moderna tan característica.
Nos encontramos hoy en la cúspide de otra transición revolucionaria, o eso dicen los números. Dentro de las dos décadas posteriores a su invención, una parte significativa de la población mundial está conectada a Internet. Casi no hay lugar en la Tierra donde no sea posible conectarse a Internet. Y miles de millones de páginas se han publicado en la Web.
Y así nos encontramos inmersos en un nuevo universo de medios de comunicación textuales. En un instante, los comentaristas y blogueros nos hablan de promesas utópicas; y en el siguiente instante, de cosas apocalípticas. Dejando atrás el mundo lineal del libro, algunos expertos hablan del hipertexto y de una tendencia a la lectura no lineal; de la transición del tradicional lector de libros (acostumbrado a tomar una actitud pasiva hacia los textos) hacia un usuario más activo (impaciente por proseguir la navegación hacia otros contenidos); y de la representación de mundos virtuales en los que la lejano se hace cercano, inmediato y casi palpable. Algunos son más escépticos y hablan del aumento de la desigualdad, por ejemplo una desigualdad informativa como resultado de la ‘brecha digital’. Y otros hablan de un mundo de interacciones humanas decrecientes, de personas sedentarias que se encuentran cada vez más atadas y esclavizadas por las máquinas.
¿Anuncian los nuevos medios electrónicos la muerte del libro? Esta es una de las cuestiones clave abordadas en la Conferencia Internacional sobre el Libro, en la Revista Internacional del Libro, en la colección Libros y Publicaciones y en el Blog de Noticias. Para responder a esta pregunta, tenemos que reflexionar sobre la historia y la forma del libro, así como sobre los textos electrónicos que, según se alega, constituyen una amenaza. Y nuestra conclusión bien podría ser que, en lugar de ser eclipsado por los nuevos medios tecnológicos, el libro seguirá prosperando como un artefacto cultural y comercial.
A continuación se nombran y describen tres posibilidades para el libro en la era digital:
Acceso
Hay pocas dudas de que la gente seguirá llevando consigo el libro impreso convencional y encuadernado a la playa o a la cama, al menos en el futuro cercano, pero ese mismo texto está ya disponible en otros dispositivos más modernos. En realidad, con el libro electrónico podremos llevarnos la biblioteca completa a cualquier viaje. Los libros ya están disponibles a través de múltiples interfaces, en la pantalla de la computadora o impresos en papel. También pueden leerse en dispositivos de lectura electrónica, como los e-readers o los smart-phones, o representarse en fromato de audio a través de los sintetizadores de voz. Y pronto, aparecerán nuevos y asombrosos artefactos electrónicos actualmente en desarrollo, tales como los sustratos de plástico que simulan el papel papel y que puede leerse a partir de luz reflejada. El resultado es un acceso mayor y más sencillo a los libros, y a nuevos mercados: por ejemplo, el estudiante que tiene que obtener un capítulo de un libro esta misma noche para unos deberes que tiene que presentar mañana; o el invidente quiere busca una versión de audio con sintetizador de voz; o una persona que quiere escuchar el texto mientras conduce su coche; o el viajero que en un instante necesita una pequeña información procedente de una guía de viajes y que se da por satisfecho con un breve texto que le recomiende, en su teléfono móvil, algún monumento en particular o un restaurante cercano; o el profesor que quiere usar un retazo textual como un ‘objeto de aprendizaje’ en un entorno de formación por canales electrónicos (e-learning). ¿Se tendrá que redefinir y ampliar la definición de lo que es un libro, o se transformará en algo cualitativamente diferente, en nuevas formas textuales, visuales y auditivas?
Diversidad
El negocio tradicional del libro se transformó en una economía de escala. A menudo, se consideraba que eran necesarios unas 3000 copias para hacer viable la comercialización de un libro, es decir, para convertir en rentable el esfuerzo de escribirlo, imprimirlo y distribuirlo. Por supuesto, cuanto mayor era la tirada, mucho mejor, al menos según la lógica generalmente aceptada de la producción en masa. La producción en masa reducía los costes, pero este acceso a más copias se hacía en detrimento de la diversidad. En otras palabras, una producción en masa hecha para una cultura de masas. Para poner en pie este edificio era necesaria una infraestructura engorrosa basada en lentos movimientos de inventarios, en almacenamientos a gran escala, en costosos sistemas de distribución y demasiada mercancía en stock en los puntos de venta. En suma, un mal negocio en muchos aspectos, que ofrecía poco beneficio para cualquier persona que quisiera hacer de los libros un medio de supervivencia, y sobre todo, para los autores.
Hoy en día existen dispositivos de lectura electrónica que cambian estas economías de escala en la industria del libro. Y la impresión digital permite imprimir mil libros diferentes en una sola tirada, costando lo mismo que imprimir mil ejemplares del mismo libro. Así, innumerables comunidades pequeñas representan actualmente nichos de mercado tan importantes como la producción en masa para comunidades grandes. Máquinas de impresión de libros pueden verse ya en algunas escuelas, en bibliotecas y en librerías, que podrán en adelante tener en “stock” todos los libros del mundo.
Democracia
Estos desarrollos favorecen a las pequeñas comunidades de práctica y de intereses comunes. Bajan el umbral de dificultad para acceder al mundo de la edición. Hoy en día, museos, centros de investigación, bibliotecas, asociaciones profesionales y escuelas pueden convertirse en casas editoriales. Se darían por satisfechas si de cada libro se vendieran unos pocos cientos de ejemplares, o incluso ofreciendo dichos libros al mundo entero de forma gratuita, opciones que antes no eran viables. En cuanto a la calidad, las decisiones para publicar o no un libro serán tomadas por las propias comunidades, cuyos miembros se sienten profundamente identificados por sus contenidos y conectados entre sí por sus intereses comunes y por su dominio y pericia en su ámbito de conocimiento. Nunca antes se ha dado el caso de que la cantidad, tradicionalmente elegida como la medida de éxito para los mercados de masas, fuera siempre compatible con la calidad. Esta fórmula de priorizar en ocasiones la cantidad sobre la calidad será todavía menos sostenible en el futuro.
Hay miles de editoriales y millones de nuevos títulos cada pocos años, por lo que no es necesario añadir y sobrecargar más el sistema. Ya hay más libros de lo que una sola persona puede digerir, pero afortunadamente nos las arreglamos para encontrar la manera de localizar aquella pieza que necesitamos y que se ajusta a nuestros intereses particulares. La pluralidad de voces que podrán ser publicadas y las oportunidades que se abren para nuevos actores que deseen incorporarse al mundo de la edición fomentarán una democracia más sana y una diversidad genuina. La impresión digital también proporciona un medio para superar la brecha digital. Si no es posible un ordenador para cada lector en algunos países pobres o en los barrios más desfavorecidos, al menos la proximidad a las tiendas de impresión digital permitirán abaratar el precio de los textos impresos localmente. No será tan necesario como antes tener que comprar un libro en otro idioma para llenar un vacío de conocimiento local. Las pequeñas lenguas y culturas florecerán como consecuencia del abaratamiento de los costes de edición, e, incluso, a medida que los sistemas de traducción automática vayan mejorando, se superará la ecuación que fija que una lengua pequeña y local está condenada al aislamiento. La impresión digital abrirá a las comunidades locales una ventana al mundo globalizado.
Entonces, ¿cuál es el futuro del libro? Los medios de comunicación digitales representan más una oportunidad que una amenaza para el libro.
Por lo demás, un examen minucioso muestra que lo que parece ser nuevo en el mundo del libro, como consecuencia de la aparición de los medios digitales, tal vez no lo es en absoluto. El hipertexto es simplemente una manera mecánica de automatizar lo que ya se hacía en el libro impreso por medio de la numeración de páginas, de índices, de citas y de referencias bibliográficas. Y en comparación al componente virtual que suele asociarse a Internet, la palabra escrita y las imágenes impresas en libros se refieren también, a menudo con una verosimilitud sorprendente, a cosas que no están inmediatamente presentes. De hecho, la arquitectura de la información del libro tradicional, tras muchos cientos de años de experiencia en la conservación y transmisión de conocimientos diversos, nos proporciona todos los elementos necesarios para emprender cualquier aventura de innovación en la nueva era de los medios digitales.
Estas son sólo algunas de las cuestiones debatidas en la Conferencia del Libro, en la Revista Internacional del Libro, y la colección de libros Libros y Publicaciones y en el Blog de Noticias. Proporcionan un foro para el diálogo a los profesionales de la industria del libro, a los bibliotecarios, a los investigadores y a los educadores, para discutir de forma crítica y constructiva sobre el pasado, el presente y el futuro del libro, sin dejar de lado el rigor académico. Las ponencias y comunicaciones presentadas pueden inclinarse hacia un enfoque de reflexión (histórico, teórico, filosófico, sociológico, la presentación de una investigación reciente, etc.) o hacia un enfoque más práctico (el análisis de nuevas tecnologías, los modelos de negocio, las nuevas formas de lectura, de escritura y de edición, etc.).
Los medios digitales han llegado y debemos mantener la promesa de potenciar el acceso, la diversidad y la democracia. El libro ha muerto. ¡Larga vida al libro!
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